IA: problema y solución de la ciber-seguridad

Por María José de la Calle. Directora de comunicación & analista senior de ITTI. [email protected]

La llamada Inteligencia Artificial (IA) en general, y la Computación Cognitiva (CC) en particular, están llamadas a producir otra revolución en cuanto a herramientas que sirvan para impulsar campos tan diversos como la ciencia, la medicina, la gestión de las ciudades, la fabricación ; o proporcionar autonomía a las máquinas. En resumen, la vida de todos.

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Pensemos por ejemplo, en RobERt (Robotic Exoplanet Recognition), para el análisis de posibles planetas que puedan tener vida; en la predicción de enfermedades, como un ataque al corazón o un derrame cerebral; las llamadas «ciudades inteligentes»; o los medios de transporte autónomos, como los coches o los trenes. Aunque la IA y la CC pudieran parecer sinónimos, en realidad son dos conceptos que, aunque relacionados, son un poco diferentes. Así, la Harvard Business Review (HBR) en el artículo «La IA añade una nueva capa al ciber riesgo» del pasado mes de abril, proporcionaba las siguientes definiciones: «Mientras las dos tecnologías se refieren al mismo proceso, […] la CC utiliza un conjunto de tecnologías diseñadas para aumentar las capacidades cognitivas de la mente humana. Un sistema cognitivo puede percibir e inferir, razonar y aprender. Definimos la IA aquí en un sentido amplio como aquello que se refiere a ordenadores que pueden realizar tareas para las que se requeriría inteligencia humana». Es decir, la CC sería una disciplina contenida en la IA.

A los sistemas IA en general, se los puede entrenar para analizar y entender el lenguaje natural, imitar el razonamiento humano o tomar decisiones. Los sistemas CC se construyen con el fin de proporcionar información para tomar decisiones, y aprender por sí mismo tanto de datos recogidos o que se le provean y de su interacción con las personas.
Para conseguir que un sistema o máquina aprenda una tarea o asimile una serie de conocimientos, hay que proporcionarle, primero una serie de algoritmos -constituidos por modelos matemáticos estadísticos- que sirvan para, y este es el segundo paso, tratar los datos o información con los que se alimenta al sistema y con los que iniciar el proceso de aprendizaje, y en tercer lugar, sesiones de entrenamiento entre expertos, que realizan preguntas y evalúan las respuestas de la máquina, cambiando los resultados según la evaluación recibida.

Los algoritmos se van adaptando dependiendo de los datos que se le suministren y de la interacción con los humanos o con el entorno. La CC en particular -y por tanto la IA que la engloba- como cualquier tecnología [de la Información], por una parte, introduce nuevos elementos de inseguridad y, por otra, puede ser utilizada para hacer más seguros los sistemas. Si una tecnología es muy potente, tanto lo es para producir beneficios como para producir daños, con lo que su control debe ser comparable.

Lea el artículo íntegro en el número de julio/agosto de CUADERNOS DE SEGURIDAD.

Imágenes: Shutterstock / Tatiana