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Leticia Álvaro Llorente, Mª Carmen Durán Pulido, Lourdes Luceño Moreno y Arina Gruía. Laboratorio de Psicología del Trabajo y Estudios de Seguridad de la Universidad Complutense de Madrid

Discapacitados visuales, empleo y tecnología


Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Organismo Internacional de Prevención de la Ceguera la cifra de discapacitados visuales se halla en continuo aumento. Los diversos estudios que se han llevado a cabo han situado la cifra de personas con pérdida visual grave en 180 millones, dividiéndose en 45 millones con ceguera y 135 con deficiencia visual. Tomando en consideración la tasa de crecimiento de la población, en 2020 habrá 75 millones de personas con ceguera total. En España las cifras son similares, un 21 por 100 de los discapacitados visuales tienen ceguera. En los países desarrollados, el mayor número de casos de ceguera se atribuyen a la degeneración macular asociada a la edad y a la retinopatía diabética. En cambio, en los países en vías de desarrollo entre las causas más comunes encontramos cataratas, tracoma y glaucoma.
Desde la visión normal hasta la ceguera total encontramos una amplia gama de alteraciones visuales. De manera sencilla, podemos decir que las personas con deficiencia visual tienen reducida, en mayor o menor medida, su capacidad visual. Los parámetros mediante los que se determina el grado de estas alteraciones son la agudeza visual de lejos, que puede definirse como la nitidez con la que se ve un determinado objeto a una determinada distancia, y el campo visual, definido como la amplitud en grados con la que vemos.

Lamentablemente, no existen criterios unificados en cuanto a la definición y clasificación de las personas con discapacidad visual, lo cual origina diferencias en las normativas gubernamentales con una clara repercusión en las prestaciones educativas, económicas, sanitarias y de otra índole social. Todo ello, a pesar de los distintos informes de la OMS que tratan de propiciar criterios más o menos homogéneos en cuanto a la definición y a la clasificación. Una clasificación bastante extendida en relación a los anteriores criterios divide la discapacidad visual en tres tipos:
-Visión normal o casi normal: este grupo engloba los niveles de deterioro visual en la gama de visión normal o de visión casi normal (agudeza visual de lejos entre 2.0 y 0.8).
-Baja visión: este grupo se subdivide en tres niveles: deterioro visual moderado con agudeza visual de lejos entre 0.25 y 0.12; Baja visión moderada, con una agudeza visual de lejos entre 0.1 y 0.06 y/o campo visual de 20º o menos; y Baja visión grave.
-Ceguera: como decíamos, el límite superior de la discapacidad visual se halla en la ceguera total. En España el criterio para considerar que una persona tiene ceguera total es que en su mejor ojo su agudeza visual con corrección es de 1/10 (en la Escala de Wecker), o su campo visual se encuentra reducido a 10º.

Discapacidad en el trabajo
El trabajo cumple una función muy importante en todo ser humano, y por lo tanto también en los discapacitados visuales, pues además de proporcionar sustento otorga identidad. Cuando alguien se discapacita repentinamente durante el desarrollo de su vida, una de las primeras inquietudes que le asaltan es si podrá trabajar y en qué. Cuando la discapacidad viene desde el nacimiento o los inicios de la vida, la persona no alcanza la maduración plena hasta no obtener un empleo.

Algunos datos indican que el porcentaje aproximado de ocupación de las personas con deficiencia visual va desde el 78 por 100 en el caso de deficiencia visual severa, al 99 por 100 en el caso de la moderada. Como ya comentamos, la legislación vigente impulsa la ocupación de los discapacitados mediante el artículo 38.1 de la Ley 13/1982, de Integración Social de los Minusválidos (L.I.S.M.I.). En dicho artículo se indica que: «las empresas públicas y privadas que empleen un número de 50 ó más trabajadores o trabajadoras serán obligados a que de entre ellos, al menos, el 2 por 100 tengan la condición de minusválido. El cómputo mencionado se realizará sobre la plantilla total de la empresa correspondiente, cualquiera que sea el número de centros de trabajo de aquella y cualquiera que sea la forma de contratación laboral que vincule a las y los trabajadores de la empresa.»

No obstante, este artículo añade excepciones por las que las empresas no estarían obligadas a cumplir dicha obligación. Sin embargo, cuando la Administración Pública adjudica contratos a la empresa privada tienen preferencia en ello las empresas que cumplen dichas obligaciones. Asimismo en relación a la Administración Pública, cabe destacar que hasta que se cubra el 2 por 100 de personal con alguna discapacidad en sus diferentes secciones, es obligatorio reservar un mínimo del 3 por 100 de las vacantes comprometidas en las Ofertas Públicas de Empleo para personal con una discapacidad de un 33 por 100. Además, tiene obligación de adaptar tanto las pruebas de las oposiciones para que puedan ser realizadas por los discapacitados como los puestos de trabajo a los que estos accedan.

Accesibilidad al trabajo
A pesar de estas «ayudas legales», es innegable que continúan existiendo barreras para la ocupación de los discapacitados visuales. El grado de competencia, cambios y movilidad que presenta el mercado laboral actual dificulta a todos el acceso al trabajo, máxime a los discapacitados. Podría ser útil para ellos buscar ayuda en su orientación laboral mediante profesionales que, conociendo su discapacidad e implicaciones, les guíen en la búsqueda de empleo. En dicha ayuda deberá tenerse en cuenta orientación (qué quiere la persona), capacitación (qué formación tiene) y mercado (qué posibilidades hay). Una vez ubicada la persona en un determinado puesto, debe supervisarse de manera periódica de modo que permita detectar y solventar posibles dificultades.

En relación a la accesibilidad al puesto de trabajo, no sólo deben cuidarse aspectos de acceso físico al lugar de trabajo, sino también su desenvolvimiento dentro de su puesto, garantizando al trabajador el mayor grado de independencia posible. Por ello en este ámbito del acceso laboral a discapacitados visuales, la ergonomía y su filosofía del diseño universal cobran un sentido clave. Lo ideal sería crear y diseñar puestos con diseño universal y no tener que readaptarlos en función de las características del trabajador que incorporemos. Algunas bases a tener en cuenta al diseñar los entornos laborales son:
-Accesos: rampas; ascensores; interruptores de la luz; escalones con los bordes pintados en un color claro; bandas táctiles de advertencia en lo alto de las escaleras; sonidos de advertencia, timbres y dispositivos de entrada localizables para las personas con discapacidad visual; y suelos antideslizantes y llanos. Debemos tratar de facilitar el acceso al puesto de trabajo a la persona con discapacidad visual, bien colocando su puesto en la planta baja o bien permitiéndole trabajar desde su propia casa. Además, para facilitar el tránsito desde el domicilio hasta el puesto de trabajo se le podría modificar el horario para que no tenga que moverse en horas punta.
-Equipos: debemos facilitar al trabajador los equipos necesarios para el correcto desempeño de su trabajo como: la máquina Perkins, software de reconocimiento de voz, herramientas de magnificación y lectura de pantalla, además de garantizar una buena iluminación.
-Señales: en primer lugar debe realizarse una evaluación de qué ayudas son necesarias para facilitar a los discapacitados visuales su movilidad por el edificio. Contrastes de colores, alfombras o muescas en el revestimiento del suelo son algunos ejemplos que pueden aplicarse. Además, las advertencias escritas deben ser grandes y claras y también en braille, con acabados mate para evitar reflejos.
-Organización del Trabajo: evaluar la tareas, intentar adaptarlas en la medida de lo posible para que puedan ser realizadas por discapacitados visuales y, de ser imposible, realizar una redistribución de las tareas conflictivas.
-Comunicación: facilitar a los trabajadores con discapacidad visual las informaciones pertinentes en un formato adecuado, ya sea audio, braille o con letras grandes y claras.
-Formación: debe garantizarse la igualdad de condiciones al respecto entre discapacitados y no discapacitados, facilitando los materiales en el formato apropiado en cada caso, adaptando los horarios y lugares de impartición, etc.

Recursos: tiflotecnología
En relación a los recursos empleables es importante conocer el concepto de tiflotecnología. Se trata de la tecnología aplicada a la deficiencia visual y permite, dentro de lo posible, adaptar y hacer accesibles las tecnologías de la información y comunicación para su utilización y aprovechamiento por parte de las personas con ceguera y deficiencia visual. A continuación mostramos una relación de los recursos empleables, tanto tecnológicos como no tecnológicos, por las personas que padecen discapacidad visual para mejorar su calidad de vida:
-Perro guía: se trata de un animal adiestrado para guiar a personas tanto ciegas como con deficiencia visual grave. Los perros guía detectan y advierten de las barreras arquitectónicas que pueden suponer un peligro para sus dueños e incluso les ayudan a realizar las tareas del hogar. Aparte de estas aportaciones aún más importantes son las emocionales, pues el perro guía supone para la persona ciega más que sus ojos. El perro guía aporta a su dueño oportunidades, libertad, independencia y amor incondicionales.
-Bastón: se trata del instrumento más utilizado por los invidentes. Supone una prolongación de su cuerpo para el invidente que le permite anticiparse y conocer. Los bastones son ligeros y plegables, están fabricados con fibras sintéticas y emiten vibraciones que son más intensas cuanto más dura es la superficie con la que está contactando su punta. Además, hay distintos tipos de bastones en función del grado de deterioro visual del usuario.
-Semáforos: lo más habitual es que los semáforos para peatones que se instalan llevan incorporado un sistema de aviso para ciegos mediante una señal acústica.
-Sistema de comunicación Braille: el código de comunicación Braille fue inventado en el siglo xix por el profesor francés Louis Braille, que se quedó ciego a la edad de 3 años a causa de un accidente doméstico. Dicho sistema traduce cada letra del alfabeto a un código de relieve que tiene seis puntos. En él se basan un gran número de ayudas tiflotecnológicas:
-Máquina Perkins: la máquina de escribir Perkins es una modificación de la máquina de escribir normal que fue inventada en los años 40. Genera caracteres Braille en el papel. Está compuesta por seis teclas que corresponden a los seis puntos que en Braille pueden formar una letra.
-Optacón: transforma los textos en tinta, en textos táctiles.
-Calculadoras e instrumentos de cálculo.
-Libros hablados digitales: se trata de libros grabados en lenguaje SMIL, que combinan texto (accesible mediante ampliación de imagen, voz sintética e incluso Braille) sonido, vídeos y gráficos.
-Lectores de Pantalla: leen todo lo que se encuentre en la pantalla: textos, signos de puntuación y las descripciones de los botones y menús, entre otros.
-Navegadores de internet y procesadores de texto adaptados.

Aunque todas estas herramientas suponen una gran ayuda, se continúa avanzando mucho en este campo, sobre todo en lo que a nuevas tecnologías se refiere. En 2008, se celebró TiffloInnova, la versión de SIMO (Feria Internacional de Informática, Multimedia y Comunicaciones) para discapacitados visuales. Entre los objetos más populares se hallaban electrodomésticos y objetos cotidianos parlantes, portátiles adaptados a invidentes, lupas digitales, videojuegos, impresoras y escáneres braille, entre otros. Este acto fue organizado por la ONCE (Organización Nacional de Ciegos Españoles) a través del CIDAT (Centro de Investigación, Desarrollo y Aplicación Tiflotécnica) y contó con 30 expositores. Uno de los objetos más aclamados por los invidentes fueron los detectores de obstáculos de reducido tamaño, podría decirse que de bolsillo.

Conocer cuál es la situación de las personas discapacitadas ayuda, en gran medida, a entender la problemática a la que se enfrentan éstas en el momento de acceder a un puesto de trabajo y de desempeñase adecuadamente en el mismo. Tener una discapacidad visual no tiene por qué ser un hándicap para numerosos puestos de trabajo y muchos otros pueden adaptarse sin problemas. ●

Fotos: Archivo.

Notícia publicada el: 01/03/2010
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