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¿Es mejorable la seguridad en los hoteles españoles?

Recuerdo que hace ya algunos años, cuando comencé en esta aventura de la seguridad hotelera, se me ocurrió reunir a los directores y responsables de Seguridad de los hoteles madrileños con el fin de cambiar impresiones y aprender las peculiaridades de un sector que, hasta la fecha, prácticamente desconocía. La empresa fue complicada ya que, desgraciadamente, se podían contar con los dedos de las manos los establecimientos que disponían de tal figura entre sus empleados.

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Vicente ignacio López de Miguel. Presidente de la Asociación Española de Seguridad en Establecimientos Turísticos. AESET

Por fin logré congregar a un pequeño grupo formado por seis o siete colegas para mantener una reunión en uno de los salones que, consciente de la importancia de la seguridad en este sector, el director general del hotel donde yo trabajaba nos había cedido. Una vez hechas las presentaciones e iniciada la reunión, lo primero que les enseñé fue un vídeo grabado con las cámaras de CCTV donde se veía a unos individuos que, por el método del descuido, se llevaban el maletín de un cliente que se encontraba en la recepción. Cuando la grabación terminó y les pregunté su opinión al respecto, recuerdo la cara de sorpresa e incredulidad con la que me miraron todos. Entonces comprendí una frase que ya había oído con antelación: «en mi hotel no hay robos». Efectivamente, el primer problema con que me encontré es que los incidentes de este tipo que tienen lugar en los hoteles no salen a la luz por miedo a que el establecimiento coja fama de inseguro. De esta manera, cada hotel trata de solucionar su incidente con la mayor discreción posible sin comentarlo con el resto de establecimientos, hecho que, obviamente, solo beneficia al delincuente que se asegura impunidad para actuar en otros centros hoteleros donde no le conocen ni a él ni su «modus operandi».
Pero volviendo a la historia con la que iniciaba mi exposición, después de ese breve momento de incertidumbre uno de ellos reconoció que en su establecimiento ya había pasado algo así, y en más de una ocasión; al instante, otro respondió de igual manera y así todos fueron sincerándose y aportando las medidas y soluciones que, en cada caso, se habían adoptado. En aquel momento dimos un paso muy importante para el futuro de la seguridad en nuestros hoteles, ya que convinimos que la seguridad tenía que estar por encima de la legítima competencia entre los establecimientos, ya que ésta debía ser la base sobre la que se asentase el negocio hotelero. A partir de ese momento acordamos, además de reunirnos periódicamente, comunicarnos de manera inmediata cada vez que alguno de nosotros sufriese un incidente de este tipo o similar para que el resto estuviese prevenido ante la posible visita de estos maleantes. La medida surtió efecto inmediato: cada vez que un establecimiento era víctima de algún delito o simplemente observaba a individuos en actitud sospechosa, avisaba al resto y pudimos comprobar cómo en un corto espacio de tiempo estos sujetos se presentaban en los demás hoteles y se les podía detectar antes de que realizasen alguna fechoría.
Por desgracia, a estas reuniones, a las que pronto se unieron las FF. y CC. de Seguridad del Estado y representantes de algunas asociaciones hoteleras, solo asistían por parte de los hoteles los responsables de Seguridad que, como ya he comentado antes eran muy pocos, y dos o tres miembros de la dirección o recepción de otros establecimientos. De tal forma que solo se pudieron beneficiar de estos conocimientos unos pocos hoteles, prácticamente los que contaban con un departamento o un responsable de Seguridad. Actualmente, a través de nuestra asociación, estamos intentando que estas informaciones estén al alcance de todos y puedan participar el mayor número de establecimientos.
Como he comentado anteriormente, este hecho ha contribuido notablemente a mejorar la seguridad en varios establecimientos hoteleros que, en su mayoría, ya contaban con medios técnicos (cámaras de CCTV, detectores de presencia, tarjetas magnéticas, equipos de detección y extinción de incendios, etc.) y, en algunos casos, con personal de seguridad. Pero, ¿se pueden hacer más cosas para mejorar la seguridad de nuestros hoteles? La respuesta es un «SÍ» con mayúsculas, ya que un gran número de establecimientos, como indican algunos estudios nacionales e internacionales, sufren importantes carencias en materia de seguridad.
Para empezar, todos los hoteles, al menos los de un determinado tamaño y complejidad deberían contar con un departamento de Seguridad, aunque este fuera, como de hecho lo es en muchos casos, unipersonal. Nadie se imagina un hotel sin departamento de recepción, limpieza, mantenimiento, etc. ¿Por qué es tan difícil incorporar un departamento de Seguridad? Seguramente, porque no hemos sabido explicarle al hotelero que, además de los equipos y sistema que integre en su negocio y que, por descontado, son de gran ayuda, de poco nos van a servir si no tenemos a un profesional que consiga sacarles el mayor partido y, sobre todo, sepa gestionar una emergencia de cualquier tipo y formar al personal que compone la plantilla del hotel. Porque en esto último, precisamente, reside la clave de la seguridad en un establecimiento: la formación y preparación de los trabajadores del hotel ante los distintos tipos de emergencias, accidentes e incidentes que pueden darse en un centro de este tipo. Esta labor fundamental solo puede realizarla un profesional de la seguridad y la relación existente entre el gasto que supone incorporar en la plantilla a un gestor de la seguridad y los beneficios y disminución de incidentes que ello conlleva no tienen punto de comparación. Máxime si tenemos en cuenta que en la gran mayoría de las Escuelas de Turismo, los alumnos salen titulados sin haber tenido ninguna preparación en materia de seguridad.
Porque ese departamento de Seguridad no sólo va a encargarse de la gestión y mantenimiento de los equipos junto a la formación de los empleados, sino que también va a implantar o, en su caso, crear, el Plan de Emergencia organizando los distintos equipos y realizando ensayos y simulacros periódicos. Este plan, donde se recogen las actuaciones precisas que deben llevarse a cabo ante situaciones de emergencia acaba, en un gran número de casos, olvidado en un cajón sin llegar a ponerse en práctica, después de ser aprobado por la autoridad competente. También, entre sus muchas funciones, mantendrá el contacto con otros establecimientos y con las FF. y CC. de Seguridad para estar al corriente de los incidentes y hechos delictivos que se están cometiendo en su zona o ciudad. Y además integrará la seguridad dentro del negocio hotelero formando parte indivisible de todo el engranaje del hotel, aportando ideas y adecuando su actividad en beneficio de la empresa.
Por tanto, a pesar de los esfuerzos por organizar simposios y jornadas de seguridad, tanto desde instituciones públicas como privadas, para tratar de mejorar los problemas de este tipo en nuestros establecimientos hoteleros, lo cierto es que mientras los responsables de los hoteles y las cadenas hoteleras no se conciencien de la necesidad de incorporar los departamentos de Seguridad en sus negocios y empresas, la seguridad seguirá siendo muy mejorable en los hoteles españoles.

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